Libro Dos · Capítulo 20
Hibernación en el Vacío Espacial del Dragón de Teseo
Primer capítulo de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X. Una entrada literaria al universo de la novela, sus personajes, su tono de aventura y el viaje que se abre hacia el Planeta X.
Ocho días después, cargado ya el magneto-oscilómetro, y tras un día de recuperación y adaptación al ritmo circadiano normal, con todo tipo de pequeñas cosas divertidas sucediéndoles a los algo desubicados tripulantes y pasajeros recién salidos de la semihibernación, la SarTrek revivía.
En la reunión del Consejo Científico, que, no lo olvidemos, era un órgano abierto y consultivo, se decidió el punto exacto hacia el que apuntaría el siguiente perfosalto.
El plan era sencillo: escoger un punto lo más alejado posible del Muro de Hércules y del Imperio Nepok, aunque ello desviara un tanto la ruta directa hacia Laniakea y el Sistema Solar.
—Señores —comenzó Jazmine, la Científica-Política—, nos dirigiremos hacia el Vacío Espacial del Dragón de Teseo.
Activó el holograma y señaló la zona correspondiente.
—Ubicación vista desde la Tierra: centro en ascensión recta, RA 16h 30m; declinación, 50 grados. Se sitúa entre el Vacío del Hilo de Ariadna, aproximadamente en declinación 30 grados, y el dominio de la constelación de Draco, entre declinación 60 y 70 grados. Esto lo coloca al norte del supervacío de Boötes y al noreste del Hilo de Ariadna.
Hizo una pausa para tomar resuello y prosiguió:
—Su tamaño oscila entre setenta y ciento veinte millones de años luz de diámetro, similar al de otros vacíos menores. Se encuentra a una distancia de entre ochocientos y novecientos millones de años luz de la Tierra, ligeramente más lejos que el supervacío de Boötes, o del Boyero, pero en la misma escala local. El Vacío del Dragón de Teseo asemeja un eslabón en una cadena de espacios de baja densidad de materia, casi sin gas ni polvo estelares, que se extiende desde la constelación de Draco hacia el supervacío de Boötes, con el Vacío del Hilo de Ariadna, donde ahora nos encontramos, como punto intermedio.
Jazmine miró a los presentes.
—Ustedes se preguntarán por qué giramos hacia allí, en lugar de lanzarnos en línea recta hacia Laniakea. La razón es salir cuanto antes del Imperio Nepok. Para ello hay que eludir ciertos largos filamentos de galaxias entrantes en esta región del supervacío de Boötes, que podrían estar reclamados por el Imperio.
Así terminó Jazmine su exposición técnica.
—¿Alguna pregunta?
—¿Quiénes quedarán en el retén?
Kovaloswky se adelantó y respondió:
—Esta vez les toca a Lord Bader, Bimae, Jazmine, Heriberto y, otra vez, al capitán Timi.
Luego añadió:
—Prepárense todos para dar el perfosalto hacia allí esta misma tarde.
No hubo ningún incidente reseñable durante el perfosalto.
Sí lo hubo después, en el pasillo, cuando se produjo un intercambio de insultos entre Weindin, que había declarado la guerra a los superhéroes, y los propios superhéroes: Bimae, Elro Filana y Zanos.
Imbéciles, anormales, paleta, desgraciados, papasfritas y otras lindezas que se consideró mejor olvidar precedieron, en aquel pasillo del primer piso, al enclaustramiento previo a la hibernación.
Para entonces la SarTrek ya flotaba en el Vacío del Dragón de Teseo.
Y luego fue creciendo el silencio.
No hubo novedad hasta el cuarto día.
Entonces Lord Bader llamó al retén para que se personara en la sala de control.
Había novedades.
—Mírenlo. Está ahí.
Se trataba de…
¿De qué?
No se veía nada.
—Perdonen —dijo Lord Bader—. Hace falta cuadrar la sonda de campos magnéticos con el hológrafo.
Después de unas pocas operaciones, ante la impaciencia de todos, vieron lo que parecía ser una diminuta arandela.
—¿A cuántos pársecs se encuentra ese elemento? —preguntó Timi.
—A diecisiete metros.
—¿Cómo dice?
—Lo que ha oído. El instrumental refleja una distancia de diecisiete metros. Más cerca de aquí que el gimnasio.
Se hizo, una vez más, el silencio.
Nadie era, ni podía hacerse, responsable de la situación. ¿Qué podían hacer? ¿Qué podía ser aquello?
En sus cabezas apareció la misma sospecha: quizá era una avanzadilla del ejército del emperador.
¿O qué, si no?
Bimae, que llevaba un rato mirando la imagen, habló entonces con una seriedad extraña:
—Cuando era niño, una vez estuvo lloviendo durante meses. Unas veces caían lentos goterones, en parte tristes. Otras, violentas ráfagas de lluvia azotaban las ventanas de mi cuarto una y otra vez. Yo escuchaba. Todo el mundo estaba triste, menos yo, porque yo escuchaba. Luego, un día, cesó de llover, y todo el mundo se puso alegre, menos yo, que me puse triste. Me puse triste porque pensé que la naturaleza quería decirnos algo, y no me había dado tiempo a entenderla. Creo que esa arandela flotante es lo mismo que aquella lluvia. Es la naturaleza que quiere decirnos algo.
Todos miraron con estupor a Bimae, cuya delicada capacidad para observar el fondo consciente de la naturaleza contrastaba con las constantes reyertas de sus amigotes, con las que tanto atribulaba a la SarTrek.
Pero no era el momento de explicar la realidad lanzando filosofías al viento. Además, aquella explicación no servía.
La arandela era otra cosa.
—Es artificial —le contestó Lord Bader.
—Entonces, ¿qué hacemos?
—¿Por qué no salimos a requisarla?
—No podemos —respondió Timi—. Es decir, el riesgo que asumiríamos es demasiado alto y quizá no sirva para nada. Suponga que nos atrevemos a sacar una de las naves salvavidas, sabiendo el desafío de baja presión que eso genera.
Timi extendió un holograma ante sí para ilustrar su explicación.
—Hacemos la operación de aproximación, pero la arandela empieza simplemente a alejarse. A continuación habría que realizar otra vez la operación de entrada en la nave nodriza. Dos momentos arriesgados a cambio de ninguna seguridad. Incluso podría intentar entrar en la nave. Solo queda observarla y vigilarla como ella nos vigila a nosotros.
Lord Bader miró la diminuta forma suspendida en el holograma.
—Lo que esto indica es que el Imperio tiene bazas y puede haber decidido perseguirnos.
—No será fácil, señor Lord Bader —observó Heriberto—. Supongo que han lanzado miles de estas lentejas al tuntún por estos supervacíos, a ver si había suerte. Y la han tenido.
Jazmine, la Científica-Política, quedó encargada de diseñar una inteligencia artificial de monitoreo de la arandela. Estaría funcional durante diez días, pero quizá luego sería aprovechable, en el supuesto de que la lenteja no fuera capaz de seguirlos en el siguiente perfosalto.
En la sala de control, de todos modos, siempre habría dos tripulantes hasta que pasara la crisis.
Cinco días después, la arandela simplemente desapareció.
No apareció ninguna nave nepokiana.
Posiblemente —y esta fue la explicación oficial—, la lenteja intentaba recoger información adicional de la SarTrek para transmitírsela al emperador.
Pero nadie quedó tranquilo del todo.
Aparato multimedia del capítulo
Pronto añadiremos más contenido a la novela multimedia Timi El Viajero En Busca del Planeta X
Audio narrado
Espacio
Imagen o galería
Espacio
Mapas, gráficos o materiales visuales
Espacio
Vídeo futuro
Espacio