Libro Dos · Capítulo 1

Hibernación en el Supervacío Espacial de Boötes

Capítulo Vigésimo primero de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.

Dos semanas después, tras dar un perfosalto de largo alcance, la SarTrek, con sus pasajeros y tripulantes, caía con la nada, arrastrada por alguna megacorriente gravitatoria hacia algún gran atractor ignoto, más allá del Supervacío de Boötes.

Ya nadie se acordaba de la arandela.

La última noticia era que Jazmine había descubierto, con su espectrómetro de materias, un fino puente de galaxias en el centro del inmenso Supervacío de Boötes, cruzando frágilmente gran parte de sus trescientos cincuenta millones de años luz de diámetro.

Pero a Svento, que en ese mismo momento se encontraba lanzando bolas de nieve a un grupo de muchachas, aquello no le importaba demasiado.

Especialmente porque media docena de ellas se pusieron de acuerdo para bombardearlo a bolazos de nieve todas a la vez.

Las carcajadas de las chicas eran muy refrescantes y Svento, cubierto de nieve desde la cabeza hasta los pies, se rió satisfecho. Era eso lo que quería.

Pero…

¿Qué estaba pasando?

Sintiendo algo extraño, Svento miró detrás de sí, justo cuando las chicas salían corriendo inopinadamente hacia la estación científica que se elevaba sobre las nieves y las rocas de aquel lugar antártico.

Miles de pingüinos graznando, furiosos, se le echaban encima por la espalda y lo empujaban hacia la puerta del mod virtual. La puerta lo aspiró como un tornado y lo lanzó hacia otro mod.

¿Cuál?

Como la nave estaba en periodo de hibernación, ASE, el Autómata Supervisor de Experiencias, una IA de serie de la Corporación Odeon entrenada para administrar sistemas colectivos de realidad virtual, aplicó el modo aleatorio seguro. Cogió a Svento y lo lanzó a un jardín zen, en el que caían bellamente numerosos pétalos de flor de cerezo, arrancados por la brisa silenciosamente como copos de nieve en la noche.

Lejos.

Muy lejos del Supervacío de Boötes.

En el piso de arriba, en la sala de control, ajenos a aquellas actividades psíquicas virtuales, Kovaloswky y Gomes movían elementos del hológrafo, mientras Ramírez contemplaba aquella actividad para él incomprensible.

—¿Hay algo?

—Vaya que si lo hay —respondió Gomes—. Está la concentración de materia reportada por Jazmine, en un largo filamento que apunta hacia la dirección del Complejo de Shapley. No menos de ochenta galaxias en fila.

—Jazmine dejó una lista con ciento cuarenta exoplanetas con las mejores condiciones de habitabilidad, idóneos para el siguiente perfosalto —añadió Kovaloswky.

Luego señaló dos puntos en el holograma.

—Mire, Gomes. Este y este otro, setenta y ciento veinte millones de años luz más próximos al Complejo de Shapley, son perfectos para hacer aterrizajes, descansar de este periodo de hibernaciones y salir de la dura ruta que estamos haciendo por los vacíos espaciales de esta región en solo dos perfosaltos.

—Ya había pensado en ello —dijo Gomes—. Speculum Caelistia 1 y Humoria. Podrían ser incluso más acogedores que la mismísima Tierra.

Timi estaba oyendo toda la conversación desde la puerta.

—Ya era hora de tener buenas noticias.

—Sí, capitán —respondió Kovaloswky—. Pero habrá que tomar precauciones antes de aterrizar, porque tienen tan buen aspecto que podrían estar habitados.

Esta vez el retén de guardia lo componían Gomes, Kovaloswky, Timi, Ramírez y Winckley.

—Muéstrelos en el hológrafo, por favor —ordenó Timi.

—Mire, Speculum Caelistia 1 es este —dijo Gomes.

Señaló con su apuntador led una magra fila discontinua de pequeñas luces casi invisibles en la oscuridad. Aproximó el foco del hológrafo tridimensional a un punto perdido en un largo brazo de una galaxia enana en espiral, de solo algunos cientos de millones de estrellas.

—Como ven, se encuentra en un brazo externo de esta galaxia enana: Aethryon-Spiralis-NGC.

Ramírez intentó centrar su atención en Speculum Caelistia 1. Pero vio una mosca posarse en el dorso de su mano y se distrajo de la vista tridimensional del hológrafo.

Automáticamente lanzó una cachetada al molesto insecto.

Pero la mosca, que eludió elegantemente el ataque, se infló a gran velocidad hasta alcanzar el tamaño de una gaviota.

—¡No, no! ¡Quítate de aquí, mosca asquerosa! —gritó Ramírez.

El insecto lo hostigaba, y todo el retén giró su atención hacia él.

—¡No la toque! —ordenó Timi.

Su zumbido era tan repugnante como sus alas membranosas y su rostro peludo, repleto de ojos.

—¡Auxilio!

Timi saltó hacia la mosca con el plan de urgencia de agarrarla por las alas, lanzarla al suelo y aplastarla a pisotones. Pero sus manos traspasaron la figura sin encontrar cuerpo sólido alguno al que aferrarse.

—Es fantasmática.

—¡Auxilio!

—Tranquilícese, Ramírez —dijo Timi—. La mosca es falsa. Es una simulación o una figura fantasmática.

—Odio las moscas. Quítenmela de encima.

Gomes se dirigió al cuadro de luces y graduó la intensidad lumínica a una escala muy baja. La mosca quedó reducida a una masa informe, semitransparente, y, extrañamente, con ello también se redujo su zumbido.

—¿Mejor así, Ramírez?

Ramírez no comprendía nada, pero, habiendo perdido tanta fuerza aquella figura fantasmática, dijo que sí.

—Esto es un incidente muy grave —afirmó Timi.

—Sí —respondió Kovaloswky—. Lo es.

Gomes levantó la vista de golpe.

—Espere. Tengo una sospecha. Enfocaré el hológrafo hacia los sensores de los pasillos de la nave, la otra sala, la cocina y el gimnasio.

Tocó varios controles.

—Esto es muy raro. En el pasillo del primer piso está desfilando una legión romana.

—¿Cómo?

—Véalo usted mismo.

Kovaloswky no salía de su asombro.

—¿Hacia dónde desfila?

—Hacia el panel del casco, en popa. Allí desaparecen.

—Active los sensores externos del casco y compruebe si salen por ahí.

—Es cierto, mire…

Gomes giró el hológrafo con maestría y mostró lo que estaba sucediendo en el exterior del casco de la SarTrek.

Una vez salían de la nave, atravesando limpiamente el casco, los soldados romanos seguían desfilando como si hubiera suelo, encaminándose hacia la nada. Luego se perdían en la oscuridad.


Unos minutos después, había gran zozobra en el grupo del retén.

—Conecte, por favor, con ASE y póngalo en abierto —ordenó Timi.

Gomes llamó a ASE, y al instante apareció su holograma: un robot divertido con un sombrero de metal brillante.

—Hola. Soy ASE, el supervisor automático de los mundos virtuales para las hibernaciones de la nave SarTrek, creado por Odeon. ¿En qué puedo ayudarles?

—Hola, soy Timi Guimaraens, capitán de la nave. ¿Ha observado usted algún problema o irregularidad en los mods de los hibernados? ¿Está todo bien?

—Ahora que lo dice, ha habido un pequeño pero extraño incidente con unos pingüinos en el Mod 18 de la Antártida. Una manada de pingüinos empujó a uno de los hibernados, Svento, y tuve que sacarlo de allí. No es normal. Luego comprobé que esos pingüinos tienen explícitamente filtrada esa conducta. Pero no ha habido ningún incidente más.

—Esté especialmente alerta desde ahora y avísenos de inmediato si se registra cualquier otro incidente.

Tras oír la orden, ASE se desintegró del hológrafo.

—Cambie el foco hacia el exterior de la nave —dijo Timi—. Veamos qué está pasando con la legión romana.

—Ya no está.

—Enfoque al pasillo.

Gomes obedeció.

—Ahora la comitiva no es militar…

Un campesino cargaba una cruz, seguido por una procesión de espectros de aspecto grotesco y deforme.

—¿Quiénes son esos espectros? —preguntó Kovaloswky.

—La Santa Companya —respondió Timi—. Espeluznante.

Inmediatamente sacó de la pechera el crucifijo de su collar.

—Soy católico. Quizá esto funcione.

—Sí —dijo Gomes, mirando el hológrafo—. Está funcionando. Se disipan. Pero no todos los espectros son entidades espirituales. La mosca sigue aquí como si tal cosa.

La luz ámbar con la silueta de ASE comenzó a parpadear, pidiendo comunicación.

—¿Qué ocurre, ASE?

—En la burbuja 9, correspondiente a Estebaldo Moulia, ha habido otro incidente. Me he visto obligado a cambiarlo de mod, como en el caso de Svento. El hospedado estaba visitando una fábrica virtual de Esferas de Dyson cuando ha desaparecido el suelo y la fábrica ha empezado a caer a una especie de inframundo ardiente. Saqué a Estebaldo de allí y lo puse en un circuito de exploración de fauna caribeña. El caso es que he revisado los datos de los mods y de los programas, y todo está perfecto. No entiendo qué puede estar ocurriendo.

—Nosotros tampoco, ASE. ¿Está supervisando también el sueño de los que están en fase de sueño circadiano?

—Sí. Sus constantes vitales y encefalogramas están dentro de la normalidad.

ASE se interrumpió.

—Vuelvo ahora. Hay otro incidente.

La mosca gigante, semidifusa, seguía volando como un satélite alrededor de Ramírez, que estaba paralizado y completamente enrojecido frente al hológrafo.

—Es interesante esta situación —observó Winckley, con su voz peligrosa y calculadora, casi acariciante, mientras se acercaba a husmear en el hológrafo—. ¿A qué cree que pueden responder estos fenómenos paranormales, señor Kovaloswky?

—No es fácil determinarlo…

ASE volvió a presentar comunicación en el hológrafo.

—No logro sacar a Gabi Glio del mod de los mamuts. Además, es evidente que los cinco hibernados que ahora están durmiendo tienen pesadillas o sueños azorados.

—Miren… —dijo Gomes.

Ahora a la mosca se le sumó una cucaracha enorme que empezó a corretear por el parquet de la sala de control.

—No allí —insistió Gomes—. Miren al hológrafo enfocado al pasillo de abajo.

Allí se veían unos niños empujando una vagoneta repleta de carbón. Tan pronto atravesaban la pared del casco de la nave para perderse en el infinito del Supervacío de Boötes, eran reemplazados por otra cuadrilla de niños. Aparecían en el pasillo según la anterior cuadrilla se desvanecía en la nada.

Y así, como un reloj, una tras otra, cuadrillas de niños mineros de la Revolución Industrial se perdían en la noche espacial.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó Gomes, consternado, sumándose a la pregunta de Winckley.

—Nadie lo sabe —respondió Kovaloswky—. Lo extraño de verdad es el conjunto de hechos sin sentido. Es como si estuviéramos dentro de una surgencia de sucesos paranormales.

Lo dijo sin perder detalle del trasiego de los niños, desde la mina de carbón espectral hasta el fondo desolado y densamente oscuro del Supervacío Espacial de Boötes.

—ASE —dijo Timi—. Salir de la hibernación lleva un día, pero esta es una situación de alarma. ¿Es Lord Bader uno de los durmientes azorados?

—Pues, precisamente, sí.

—Si lo despertamos, ¿cuánto tardaríamos en poder comunicarnos con él de forma segura, teniendo en cuenta que habría que sacarlo de la semihibernación y pasar el periodo de recuperación antes de entrar en el ritmo circadiano normal?

—Recomiendo una espera de al menos dos horas antes de comunicarse con él —dijo ASE.

—Sáquelo de la semihibernación ya. Sin brusquedades, pero sáquelo. Lo necesitamos para celebrar un consejo de emergencia.

ASE desconectó.

Quedaron desolados en el suspense de la pregunta sin respuesta, en medio de una situación que parecía ingobernable y pronta a agravarse mucho más.

¿Qué está ocurriendo aquí?

—Todos, o al menos una gran parte de las personas, hemos tenido alguna vez algún tipo de experiencia paranormal —dijo Kovaloswky, como queriendo atrapar algo, establecer un punto de sentido al que aferrarse—. Pero esto se sale de todo lo oído hasta la fecha. Y precisamente no era este el lugar del universo en el que cabría esperar esta clase de fenómenos.

—Falta todavía saber qué les está ocurriendo a los durmientes azorados —dijo Winckley—. Pero le aclaro que yo nunca he tenido ninguna experiencia paranormal. De hecho, sí veo a los niños de la vagoneta, pero no a la mosca ni a la cucaracha que ustedes dicen ver aquí.

—Pero, Winckley, ¿qué dice usted? —exclamó Ramírez—. ¿Cómo no va a estar viendo esta mosca asquerosa ni escuchando su zumbido?

—Como lo oye. Yo no veo nada de eso. Solo a los niños de la vagoneta. Ni a los romanos ni a la Santa Compaña. De hecho, hasta que vi a los niños pensé que se estaban volviendo locos todos ustedes.

—Cada vez es más difícil entender lo que está ocurriendo —reconoció Kovaloswky—. Busco una explicación a partir de propiedades extrañas de la materia oscura del universo, que aquí es abundante, quizá concatenadas con los campos mórficos de Sheldrake y con nuestra propia actividad psíquica. Pero ¿cómo encajar en ese cuadro esta ausencia de unidad perceptiva en el colectivo expuesto a las apariciones que ahora reporta Winckley? Ya no entiendo nada.

—Quizá cuando Lord Bader venga pueda aportar nuevas formas de entender esta especie de alzamiento de los espectros que estamos padeciendo en esta fontana de fenómenos paranormales que parece ser el Supervacío Espacial de Boötes —dijo Timi—. Procuremos guardar la calma hasta ese momento.


Las dos horas que transcurrieron hasta que pudieron hablar con Lord Bader se hicieron eternas.

Una vagoneta repleta de carbón tras otra, empujada por niños tiznados de carbonilla, se perdía en el fondo oscuro del Supervacío de Boötes.

ASE se desconectaba y volvía a conectar continuamente para informar de un incidente tras otro en los mods de los semihibernados y los durmientes azorados. Mientras tanto, la cucaracha y la mosca trazaban dinámicas trayectorias por la sala de control, y pequeños pero alarmantes incidentes paranormales se sucedían inquietos.

En una ocasión alguien, o algo, llamó a la puerta de la sala de control.

No le abrieron.

Aquellos incidentes no hacían más que empeorar el estado de ansiedad en que se encontraba Ramírez.

Gomes, Timi, Kovaloswky y Winckley hablaron de todo tipo de hipótesis: psicosis colectiva, estado de conciencia alterado por influencia de la energía oscura, puertas a otras dimensiones, campos inexplorados de la ciencia y mil maravillas misteriosas más.

Pero los nuevos pasajeros de la SarTrek seguían desplegando sus conductas extrañas e inexplicables con toda libertad.

Finalmente apareció en el hológrafo el rostro algo cansado, pero bien aseado, de Lord Bader.

—¡Dichosos los ojos, Lord Bader! —exclamó Timi.

—Verdaderamente.

—¿Le ha explicado ASE lo que está ocurriendo?

—Algo me ha dicho, pero yo mismo ya estaba totalmente impresionado por el sueño que he tenido.

—¿Qué sueño?

—Mire, capitán. Mientras dormía he tenido una experiencia de salida del cuerpo. Primero me vi durmiendo en mi burbuja vital. Luego llegué a esta sala de control, y los vi a ustedes desde arriba. Oí hablar sobre una legión romana.

Aquello impresionó agudamente a todo el retén.

—Después salí de la sala de control por el casco y pude ver la SarTrek desde fuera, junto a la marcha de unos legionarios romanos perdiéndose en el vacío. Después era como si una fuerza me alejara de la nave, y cuando ya no se veía más que un pequeño punto brillante en medio de la noche espacial, mi cuerpo me llamó. Volví deslizándome por un tobogán hasta reentrar en él. Quedé en duermevela, intentando comprender lo sucedido, hasta que ASE me despertó susurrándome que el capitán me llamaba, que estaban ocurriendo fenómenos paranormales y quería hablar conmigo. Entonces fue aumentando la temperatura de la burbuja vital y preparando los masajes de estímulo nervioso. ¿En qué puedo ayudarle, capitán?

—Estamos en situación de emergencia. Usted estuvo en la colonización de las lunas de Júpiter. ¿Qué sabe de incidentes en los que se hayan registrado fenómenos paranormales en las naves de las corporaciones exomineras?

—El espacio exterior —respondió Lord Bader con gravedad— es un lugar extraño y misterioso, capitán. Sí hubo incidentes. Sobre todo en una ruta concreta desde Titán a un gran asteroide repleto de hierro. Los tripulantes reportaban ver por los pasillos de sus naves a antiguos astronautas de la NASA y de la URSS. Unas veces vagaban por ellos. Otras aparecían clavados como colosos, con su traje espacial al completo, cerrándoles el paso de manera inquietante. Pasó varias veces y fue objeto de investigación, pero no se hizo público para no desanimar el enganche de nuevos voluntarios. A quienes estábamos preparando la infraestructura para construir Cilindros de O’Neill en Titán, al principio nos hizo gracia. Pero al final puedo asegurarle que ya no nos reíamos.

—Es un tipo de incidente realmente perturbador —dijo Timi—, pero lo que está ocurriendo aquí parece mucho más complejo y desconcertante.

A continuación relató a todos la ola de incidentes y la peligrosa situación en que se encontraban, sobre todo porque la condición neurológica de la tripulación y del pasaje podía deteriorarse severamente, especialmente entre los hibernados.

—Podría ser un ataque psíquico-neurológico del Imperio Nepok —sentenció Lord Bader—. No conocemos sus armas, y no podemos olvidar el incidente de la lenteja. En todo caso, es mejor que la gente se desconecte de la realidad virtual si ASE no tiene el control de seguridad. Recuerdo que en el manual de la corporación eso era lo que se aconsejaba en este tipo de situaciones.

—Sí —dijo Timi—. Parece lo más adecuado. Deshibernaremos a todos y programaremos un perfosalto urgente para salir de este pozo paranormal, o ataque psíquico-neurológico, cuanto antes. No sabremos la verdadera naturaleza del proceso hasta que salgamos de este punto del Supervacío de Boötes.

Gomes y Kovaloswky asintieron con aire de derrotados.

Winckley, sin embargo, estaba intranquilo.

—¿Y si atrapáramos a uno de estos espectros y lo lleváramos a la Tierra? ¿Es eso posible?

—Inténtelo desde ya, Winckley —respondió Timi—, porque solo tiene dos días para conseguirlo. No va a ser fácil. En cuarenta y ocho horas daremos el siguiente perfosalto hacia Speculum Caelistia 1. ASE, vaya despertando y preparando a los semihibernados. Gomes, Kovaloswky, preparen con urgencia un Protocolo de Indiferencia ante Fenómenos Paranormales. Que todos los tripulantes y pasajeros estén acompañados en todo momento. Tenemos que estar todos en guardia hasta que salgamos de aquí.

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