Libro Dos · Capítulo 22
Speculum Caelistia 1
Capítulo Vigésimo Segundo de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.
Tras el perfosalto de huida de la surgencia fantasmática en la zona oscura del Supervacío de Boötes, la SarTrek se ubicó ante el planeta Speculum Caelistia 1.
Las condiciones especialmente idóneas para la vida orgánica basada en el carbono, y el temor a que pudiera haber algún tipo de estación del Imperio Nepok, llevaron al Comité Científico a graduar el magneto-oscilómetro con enorme cautela. El objetivo del perfosalto no sería aterrizar directamente, sino poner la nave en órbita de Speculum Caelistia 1, realizar una inspección previa y solo después decidir si la nave nodriza podía descender.
Se concluyó que Heriberto y Paladia bajarían al planeta en una de las naves salvavidas. Darían varias vueltas en órbita baja, harían un barrido de sondeo y seleccionarían, en caso de que estuviera deshabitado, algún punto propicio para aterrizar. Después de las comprobaciones pertinentes, los seguiría la SarTrek.
Speculum Caelistia 1 se encontraba en un pequeño cúmulo abierto de estrellas, relativamente viejo, con solo algunos centenares de astros dispersos en el brazo de GEA-1 SB, la Galaxia en Espiral Anómala 1 del Supervacío de Boötes.
Orbitaba alrededor de una estrella enana amarilla que le proporcionaba una geodinámica astronómica relativamente confortable. En el momento del avistamiento, el acogedor planeta se hallaba en una fase interglacial, según concluyó el estudio realizado por Jazmine, la Científica-Política.
Heriberto y Paladia sobrevolaron varias veces el planeta en órbita baja, admirándose de las elevaciones y depresiones accidentadas, extensas, que caracterizaban aquella geografía exoplanetaria rica en biodiversidad.
En las estrecheces de la nave salvavidas, cuando alzaban la vista hacia las cinco lunas que orbitaban alrededor de Speculum Caelistia 1 y hacia la rotunda verticalidad coronada por GEA-1 SB, les parecía estar ante un templo cósmico.
—¡Wow! —se le escapó a Paladia al ver el inmenso valle extendido como una épica dehesa interminable entre dos rudas cordilleras ciclópeas.
La nave salvavidas se lanzó hacia allí.
—¿Qué veis? —preguntaron desde la sala de control de la SarTrek.
—Es magnífico —respondió Heriberto, con la voz impresionada—. Nos habíamos olvidado de la belleza de la naturaleza orgánica, después de tanto tiempo metidos en la nave.
—Es un enorme valle —añadió Paladia.
La nave salvavidas se posó suavemente sobre una rala alfombra de hierbas ovaladas, mustiamente tendidas unas sobre otras, que tapizaban el suelo caelestiano.
Sin novedad, Heriberto y Paladia salieron a respirar el dulce aire de aquel hermoso planeta, mientras admiraban las cinco lunas, la perfilada estrella blanca y las altas cordilleras que encajonaban el valle.
Abajo, a un centenar de metros de la nave, un grueso árbol que parecía bioluminiscente era el primero de muchos otros que, espaciados, se esparcían por la dehesa cósmica del valle monumental.
Heriberto avanzó hacia él.
—Espera. Voy a ver esas luces.
Paladia quedó aguardando, embriagada por la brisa.
Quizá allí había algún animal parecido a las aves de la Tierra. Pero, afortunadamente, no parecía haber indicio alguno de civilización alienígena en el planeta.
—Es asombroso —gritó Heriberto—. ¿Cómo puede encender esto?
Paladia, sin pensarlo, avanzó hacia el árbol bioluminiscente mientras seguía respirando, jubilosa, el dulce aire y la rara claridad de Speculum Caelistia 1.
Arriba, en órbita, en la sala de control, esperaban los informes. Pero el emisor holográfico había quedado en el interior de la nave salvavidas.
No así los comunicadores personales.
—¿Qué veis en el árbol?
Silencio.
—Heriberto, responda.
Silencio.
—Paladia, ¿me oyes?
No contestaban.
Y así siguió el silencio hasta que, diez minutos después, el pánico se apoderó de la sala de control.
—¡¿Dónde estáis?! ¡Responded! —rogaban por el comunicador Timi, Zanos y Marstok, cuando Jazmine y Kovaloswky se incorporaron, azorados, al equipo de crisis.
—Llevan diez minutos sin responder ninguno de los dos —resumió Marstok—. Y el emisor holográfico lo dejaron en la nave salvavidas.
—Hay que bajar a por ellos cuanto antes —dijo Timi.
Seis horas después, un equipo de rescate formado por Morongo, Ramírez, Timi y Thanos llegaba al lugar de aterrizaje de la expedición de Heriberto y Paladia.
—Ese es el árbol —señaló Timi, saliendo a la carrera hacia él.
No.
No había nadie allí.
La nave salvavidas quedaba tras él, vacía, con todo tal y como lo habían dejado Paladia y Heriberto.
Timi oteó hacia los siguientes árboles y vio algo extraño.
En un arenal disperso entre mechones de hierba ovalada aparecía un escrito. Los caracteres estaban hechos con grandes surcos, como trazados con un sentido inmanente:
OCEANUS INTERMINABILIS
A todos les dio la íntima sensación, con un influjo muy fuerte, de que aquellas letras habían sido escritas desde abajo del planeta. Como tatuadas al revés, de dentro afuera, por el planeta mismo.
Eso los inquietó aún más.
Sin embargo, la silenciosa brisa de extrañeza que acompañó el descubrimiento no cambiaba el hecho de que los surcos, a la vista, eran simples surcos físicos. Letras indiscutiblemente trazadas con un palo, desde arriba, hechas sin prisa.
—Tenemos que hacer un peinado de la zona —dijo Timi—. ¿Qué habrán querido decir con esto?
Tres días después, la búsqueda no había dado ningún resultado.
El equipo de crisis de la SarTrek llamó finalmente al Consejo y, empleando los comunicadores holográficos, deliberaron sobre la situación.
—Lo sentimos —dijo Kovaloswky—, pero la SarTrek no va a aterrizar en Speculum Caelistia 1. No hay ningún indicio de civilización inteligente ni de vida animal en todo el planeta. Desde luego, no hay nepoks ni ningún otro alienígena detectable por nuestro instrumental, que no es pequeño. Pero el riesgo crudo, sobre todo tras la aparición de ese extraño escrito, nos obliga a no hacer descender la nave nodriza. Terminaremos aquí la recarga y prolongaremos la estancia orbital dos semanas, para dar a la búsqueda el plazo más amplio posible a nuestro alcance.
Timi, flanqueado por Marstok y Morongo, escuchó aquello ensombrecido.
—Bueno —dijo al fin—. En dos semanas sin duda los encontraremos.
Pero dos semanas después, tras haber explorado cada centímetro del valle y una región enorme alrededor de las cordilleras y los valles adyacentes al punto de aterrizaje, ni Paladia ni Heriberto habían aparecido.
Exactamente dos semanas terráqueo-circadianas después, Kovaloswky, Gomes y Jazmine llamaron a los miembros de la expedición de rescate para ordenarles regresar a la SarTrek.
—No podemos abandonar la búsqueda, Kovaloswky —dijo Timi.
—Lo sentimos, Timi. Tenéis que subir a la SarTrek con las dos naves salvavidas y prepararos para el siguiente perfosalto, hacia Humoria. No podemos hacer más. Si no hacemos esto, podríamos perder incluso la SarTrek.
—Lo sé. Pero el principal motivo por el que vinimos a estos lugares fue salvar a Paladia. Toda la expedición ha fracasado. Y además hemos perdido también a Heriberto. No podemos dejarlos aquí.
—Lo sentimos. Tanto tú como Morongo, Marstok y Zanos tenéis que regresar a la SarTrek antes de una hora. De lo contrario, nos veremos obligados a dar el perfosalto sin vosotros.
—Pero si nos llevamos la nave salvavidas y Paladia y Heriberto regresan de allá donde estén, sin esa nave quedarán aislados para siempre. O hasta que logremos montar otra operación de rescate con el Vermitrón. Y aún no hemos aclarado el significado del grabado en la arena.
—Lo sabemos, Timi. Pero no podemos hacer nada. Tenéis que regresar a la SarTrek dentro del plazo de una hora.
Inmediatamente, dejándolo con la palabra en la boca, cortaron el comunicador.
—¡Sinvergüenzas! ¡Canallas! ¡Dijimos que rescataríamos a Paladia! ¡Vinimos aquí para eso!
—Si decide quedarse en Speculum Caelistia 1, capitán, yo también me quedaré —declaró Morongo.
—Yo no —dijo Marstok.
—Yo tampoco —lo siguió Zanos—. Estaréis sin nave.
Una hora después, Marstok había despegado con una de las unidades de expedición de la SarTrek: la misma nave salvavidas en la que habían bajado Paladia y Heriberto.
Zanos dio una última oportunidad a Timi y Morongo.
—Capitán, tenemos que obedecer las órdenes del Consejo Científico, que también están refrendadas por la Asamblea. Tenemos muchos conocimientos nuevos que llevar a la Tierra, y hay que entregar a Winckley a los jueces del continente para que responda por sus actuaciones en el Planeta X y por cómo llevó allí a Paladia. Será mucho más difícil hacerlo si usted no nos guía en este terrible regreso.
Timi miró a Morongo.
—Súmese a ellos. Le eximo de su palabra. Vuelva, si quiere, a la SarTrek con Zanos. Yo me quedo aquí.
—Vinimos a esta región del universo a rescatar a Paladia, capitán. Y, además, ¿dónde está mi amigo Heriberto? Me quedo con usted.
—Si ustedes no vienen —dijo el superhéroe—, las pérdidas humanas en Speculum Caelistia 1 serán el doble.
—Vaya con ellos, Morongo. Se lo ordeno.
—Capitán, no cumpliré esa orden. Me quedo con usted.
La cordillera alta y la dehesa cósmica, ornadas con cinco lunas, los mecieron un segundo con una brisa acariciante.
No.
Morongo no podía quedarse.
La tensión entre ellos era absurda. Timi miró hacia arriba dentro de sí mismo y se vio abajo. Todas las fuerzas juntas lo apretaban y lo soltaban hacia varias direcciones mentales de la voluntad.
Hasta que quebró su resistencia.
Le dolía horriblemente tener que hacerlo, pero finalmente lo hizo.
—Está bien. Morongo y yo también vamos.
Lloraba por dentro al decirlo, pero hacia fuera parecía estar en calma espiritual.
—Déjeme unos minutos para ver por última vez el último lugar donde sabemos que estuvieron nuestros amigos Paladia y Heriberto.
—Vaya, capitán. Tiene cinco minutos.
Timi volvió al lugar misterioso en el que habían encontrado las últimas huellas de Paladia y Heriberto, un poco más allá del primer árbol bioluminiscente.
Acompañado por Morongo, y sin otro testigo que su fiel amigo, cayó de rodillas en la arena, envuelto en lágrimas y profundos sollozos, lamentando desgarrado la pérdida de Heriberto y Paladia en aquel horrible planeta.
Ante sus ojos seguía el último rastro sin sentido.
Aquella frase escrita en la arena como grabada en granito:
OCEANUS INTERMINABILIS
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