Libro Dos · Capítulo 18
Huida a través de supervacíos espaciales
Capítulo Décimo octavo de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.
Nada más concretarse la nave salvavidas en la magna explanada de losetas de Sumanlia, a la que los había llevado días atrás el embajador Napotlian Urb, Timi y Winckley introdujeron el bote espacial en la nave nodriza.
La SarTrek seguía allí estacionada.
En medio de la alegría general por su regreso, ambos urgieron rápidamente a escapar de Sumanlia y huir del Imperio Nepok cuanto antes.
—Hay que salir a escape. No podemos perder ni un minuto.
—Calculo que antes de cinco minutos estarán de nuevo aquí —advirtió Winckley.
Kovaloswky y Gomes se lanzaron hacia la sala de control. Todos corrieron hacia sus burbujas vitales para prepararse ante el perfosalto de urgencia que la situación imponía. Habían comprendido de inmediato el peligro en que se encontraban.
Esta vez, Kovaloswky y Jazmine, la Científica-Política, tuvieron que elegir de manera urgente un destino alternativo hacia la periferia del Imperio Nepok.
Así lanzaron la SarTrek hacia las honduras del Vacío Espacial de la Corona del Hilo de Ariadna, entre el Muro de Hércules-Corona Boreal y sus regiones menos densas, con una de sus secciones entrante al Muro de Hércules.
Antes, sin embargo, habrían de hacer etapa en Kodola 23.
Kodola 23 era un planeta situado a las afueras de una pequeña galaxia periférica, lejos de las zonas más densas del Muro de Hércules, pero todavía dentro del Imperio Nepok.
Todos los peligros los esperaban en los días venideros.
Ya en Kodola 23, un planeta pantanoso, ciertamente desagradable pero deshabitado, hicieron una Asamblea General en la sala de vistas para deliberar sobre la situación.
—Si no es por vuestras imprudencias hacia el emperador, ahora no estaríamos metidos en este lío —escupió Marstok, amargado contra Winckley por la pérdida de tantos de sus compañeros.
—No es cierto, Marstok —respondió Timi con calma—. El emperador estaba confuso. No pudimos hacer nada. Confundió la política dentro del supercúmulo gigante del Muro de Hércules con la política entre supercúmulos distintos. En primer lugar, pretendía detenerme durante un año por una cuestión administrativa menor, y dudo mucho que hubiera permitido a la SarTrek salir hacia Laniakea. Afortunadamente, Winckley supo desmontar esa situación, lo que no quita para que, cuando lleguemos a la Tierra, siga debiendo explicar su comportamiento con Paladia.
—Con Paladia y con Federicho, Anton y Regido Lautares, con Pedro Florez y Miguelez, y con mi amigo Campos —completó Marstok, con razón.
Tras aquellas palabras hubo un grave silencio colectivo durante varios segundos.
—Tiene usted razón, Marstok —dijo Timi—. Pero este no es el momento de enjuiciar a Winckley, ni nosotros tenemos la investidura para juzgarlo por hechos acaecidos fuera de la SarTrek.
Aquella aclaración calmó a los asamblearios y terminó con el embarazoso silencio anterior.
Paladia miraba desde su asiento con gran aprecio a Timi. Había estado muy nerviosa desde el mismo momento en que salió en la plataforma de viajes del embajador nepok, Napotlian Urb. Paladia conocía a Timi desde que, siendo un muchacho, había llegado a la Isla Brouk con su velero, cuando con los otros niños del Puerto Borikaia limpiaban la Playa Larga. Podría decirse, sin exagerar demasiado, que tenía sentimientos maternales hacia él.
—No le hicimos ni un rasguño —explicó Winckley, que no se había quedado tranquilo con la conversación anterior—. Solo le obligamos a acompañarnos hasta la nave salvavidas. Incluso invitamos al emperador a visitar Laniakea y la Tierra. Pero no podíamos quedarnos sin capitán en unas inmensidades tan lejanas como estas. No tuve alternativa.
—Pues ahora no nos queda otro remedio que eludir las zonas más centrales del Muro de Hércules —afirmó Kovaloswky desde la mesa de presidencia de la Asamblea—. Permanecer en el interior del Muro agravaría nuestra situación política ante el emperador y el Imperio Nepok. Pero precisamente allí están los planetas más seguros y agradables. Y, encima, esto nos obliga a remodelar toda la ruta.
Hizo una pausa y continuó:
—De hecho, es posible que puedan detectarnos. Por eso, lo más aconsejable es perdernos en los inmensos vacíos espaciales. Allí apenas hay un diez por ciento de la materia que encontramos en el espacio interior de los supercúmulos galácticos. Pero la amplitud de esos espacios es tan inmensa que resulta casi imposible sondearlos en detalle. Estaríamos relativamente seguros y en trayectoria de salida del Imperio. El problema es que estos vacíos y supervacíos, extendidos entre los grandes filamentos de la Red Cósmica compuestos de galaxias, nos obligarán a hacer hibernaciones durante los estacionamientos. Eso complica enormemente nuestra situación.
Al terminar Kovaloswky, Jazmine tomó la palabra:
—Hemos trazado la nueva ruta comenzando por el Vacío Espacial de la Corona del Hilo de Ariadna. Está dentro del Muro de Hércules, pero es prácticamente espacio vacío. Incluso el emperador podría considerar que estamos saliendo del Imperio Nepok y, por tanto, no mantener su acusación de intrusión ilegal.
Jazmine señaló la ruta en el holograma.
—Desde el Vacío de la Corona del Hilo de Ariadna, que se extiende como un hilo sutil en media luna por una parte del Muro de Hércules, saltaríamos al Vacío del Dragón de Teseo, entre el Muro de Hércules y la constelación de Draco, otra gran burbuja de vacío espacial. Luego deberíamos apuntar hacia el supervacío del Boyero, o de Boötes, como también se lo conoce. Con solo cinco perfosaltos estaríamos ya muy lejos del Imperio Nepok. Solo ocurre que la nave tendrá que estar preparada para un aislamiento completo del vacío circundante durante las paradas de repuesto energético del magneto-oscilómetro.
—Sí —repuso Gomes—, pero tenemos que hacerlo cuanto antes. Esto es una anábasis en toda regla: una retirada hacia afuera, como la de Jenofonte en Asia, solo que con perseguidores dotados de tecnologías cuando menos comparables y, más bien, superiores a las nuestras.
—Hay que ser conscientes —añadió Jazmine— de que las estancias en los vacíos espaciales van a ser muy duras psicológicamente. La práctica cosmonáutica normal es hibernar dejando un equipo de guardia. En esta ocasión deberá ser, además, mínimo, puesto que hemos de camuflarnos en el silencio lo máximo posible para no ser detectados hasta que hayamos llegado al Complejo de Shapley.
Ratita levantó la mano para pedir turno de palabra.
—Me gustaría decir que yo prefiero estar en mi burbuja vital tranquila, sin hibernar. Prometo no hacer ruido.
—Weindin —le respondió directamente Kovaloswky—, no temas a la hibernación. Cuando diseñé el Vermitrón encargué a WeiZang un estudio sobre hibernación humana, porque creí que el tránsito corporal por los agujeros de gusano perforados podía ser adecuado para ese estado. Las hibernaciones resultaron ser muy seguras. El problema es que no sirven para unos minutos, y por eso desechamos la idea de emplearlas durante los perfosaltos breves.
—Es cierto, Weindin —confirmó WeiZang—. Desde 2030 se han desplegado numerosas estaciones espaciales en el Sistema Solar, como todos sabéis. De esto se habla poco, pero la necesidad de establecer centros de investigación, industrialización, minería y colonización ha llevado al despliegue de casi un centenar de estaciones: desde Encélado y Psique hasta Mercurio y Titán, pasando por el cinturón de asteroides, Marte, docenas de satélites de los planetas gigantes y Plutón. Lo que se conoce menos es el gran desarrollo que ha vivido la técnica de la semihibernación para mejorar la experiencia viajera de las miles de personas que se desplazan por el Sistema Solar en cada momento.
—Sí, nos sorprendieron los kits de hibernación estándar que nos envió la corporación interplanetaria Roslati —reforzó Kovaloswky.
Desde la derecha, junto a la puerta de entrada de la sala de vistas, Gomes pidió la palabra con entusiasmo.
—Weindin, te aseguro que yo prefiero estar entre los semihibernados antes que entre los que queden de guardia. La técnica actual de la semihibernación se desarrolló para evitar la criogenización, en la cual hay un dos por ciento de decesos y varios efectos secundarios negativos posibles.
Gomes se animó aún más.
—Normalmente consiste en ciclos de catorce días de semihibernación en cápsulas como las que Kovaloswky ha incluido en la SarTrek, a nuestras espaldas. Durante esos catorce días circadianos, cada jornada se distribuye en seis horas de sueño natural y dieciocho horas de letargo inducido. Durante ese letargo, el cosmonauta permanece en un estado de conciencia mínima: metabolismo al cuarenta por ciento, temperatura a treinta y tres grados, sedación ligera.
Weindin escuchaba con atención.
—Pero se introdujo la innovación de emplear tecnología de realidad virtual avanzada, integrada en las cápsulas, con interfaces cerebro-máquina. En este caso, Kovaloswky se decantó por electrodos, aunque también existen implantes neurales. Esas interfaces estimulan el cerebro semiinconsciente y permiten un tiempo mental subconsciente significativo, adaptativo y funcional. De este modo, las dieciocho horas de semihibernación se convierten en un estado híbrido de descanso, autocontrol y mejora personal. El cerebro, en su estado semiinconsciente, usa la realidad virtual como herramienta para mantener el cuerpo estable, la mente activa y absorber una experiencia enriquecedora. Al final de los catorce días, el cosmonauta suele sentirse más fuerte, mentalmente agudo y más conectado con su misión.
—Es cierto. Yo mismo lo comprobé cuando me contrataron en la Estación Minera de Ceres —dijo Elro Filana.
—Qué casualidad —respondió Kovaloswky—. Precisamente habíamos pensado en usted para formar parte del equipo de la primera guardia. Pero no se preocupe: en la próxima hibernación le tocará hibernar.
La Asamblea quedó satisfecha, en líneas generales, con aquellas explicaciones y datos. Sin embargo, en la parte de atrás de la sala de vistas, en la segunda fila de asientos, Heriberto y Morongo mostraban caras de preocupación.
—Aquí hay algo de lo que no se ha hablado —dijo Heriberto—. Si volvemos a la Tierra, ¿no nos seguirán? ¿No es peligroso para la Tierra nuestro regreso? ¿Cómo podemos saber que no nos están dejando escapar?
—Ya saben dónde está la Tierra, pues escanearon toda la documentación presente en los hológrafos —repuso Kovaloswky—. Sin duda la estarán analizando. A los nepok no les interesa la Tierra, sino nosotros. No solo Timi, sino todos los que entramos en su supercúmulo de manera ilegal. Por eso nuestra situación es complicada y, queramos o no, nos coloca en condición de fugitivos al menos hasta que entremos en el Vacío Espacial del Dragón de Teseo.
—¿Alguna pregunta más?
—¿Quién formará el retén de guardia durante las dos semanas de esta primera estancia semihibernados en un vacío espacial? —preguntó el doctor Moreau, quizá preocupado por sus hijos.
Kovaloswky hizo un gesto hacia Heriberto.
—El Comité Científico ha pensado en usted mismo, doctor Moreau, en Elro Filana, Heriberto, Timi y Jazmine.
Yolon Pirt, que se hallaba junto a Denoguera y Svento, preguntó:
—¿Nuestras protecciones contra los rayos cósmicos son suficientes, señor Kovaloswky? ¿Qué peligros podríamos encontrar en estos vacíos espaciales extremos?
Kovaloswky respondió mientras miraba su propia mano, procurando parecer neutro, despreocupado y objetivo.
—La SarTrek está preparada para resistir el vacío casi absoluto sin pérdidas de aire. Puedo garantizar que es segura. Está preparada para una densidad mucho mayor de microimpactos que los esperables allí. El riesgo de radiaciones es ligeramente menor. El frío exterior será muy intenso, pero las reservas energéticas domésticas durante la recarga del magneto-oscilómetro son más que suficientes para mantener las necesidades de la nave.
Volvió a mirar a los presentes.
—No se conocen del todo las propiedades del vacío en estos espacios extremos, por lo que debemos aprovechar para hacer experimentos. Es cierto que también podríamos encontrarnos con fenómenos biológicos o tecnológicos desconocidos. De hecho, no podemos descartar la presencia de estructuras cósmicas exóticas, como agujeros negros primordiales o cuerdas cósmicas errantes. Pero estas estancias, en principio, deberían ser menos peligrosas que, por ejemplo, la estancia en el Planeta X. Sin olvidar el problema de nuestra situación de ilegalidad en el Imperio Nepok, el mayor peligro es la sensación de aislamiento cósmico que puede esperarse, individual y colectivamente, en el interior de estas megaestructuras del vacío.
Dicho esto, quedó levantada la importante Asamblea General realizada en Kodola 23.
Unas horas después, dieron el perfosalto hacia el Vacío de la Corona del Hilo de Ariadna. Y, una vez llegados, tras hibernar a todas las personas a bordo, a excepción del retén de guardia, la SarTrek quedó envuelta en el mayor de los silencios, interno y externo.
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