Libro Dos · Capítulo 17
El heroísmo de Winckley
Capítulo Décimoseptimo de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.
Pero lejos, fuera de allí, en la SarTrek, al ver que Timi no volvía, Kovaloswky reunió al Consejo Científico para tomar alguna medida.
Había pasado una semana desde la desaparición de Timi y desde los mensajes del emperador. La situación era grave, y por eso, en esta ocasión, Kovaloswky invitó también a Winckley a participar en la reunión.
Se informó entonces de que Kovaloswky había incluido un pequeño dispositivo nanorrobot en el cuerpo de Timi y que, por tanto, sabía dónde se encontraba.
Timi estaba en un planeta cercano: Bolbudia 5l, a apenas cinco mil años luz.
La SarTrek disponía de un pequeño bote salvavidas con capacidad para dar perfosaltos de ida y vuelta a esa distancia. Pero hacía falta alguien que se atreviera a ir hacia lo desconocido.
Winckley se ofreció voluntario para viajar a aquel planeta e investigar qué había pasado con Timi.
Por supuesto, sus motivos no eran precisamente los mejores. Winckley quería acumular buenas acciones para cuando, al llegar a la Tierra, fuera juzgado por el secuestro de Paladia. Deseaba que esas acciones pesaran en la balanza del ánimo del juez. Un rescate exitoso de Timi no solo limpiaría su nombre, sino que lo repondría en el centro del honor, como honesto emprendedor malentendido, de reconocimiento colectivo indispensable para la felicidad pública.
Él volvería a ser el jefe indiscutible por medio de aquel golpe de mano: la salvación del muchacho que se creía capitán de su nave, pagada por él, la SarTrek.
Y, sin embargo, aunque ese fuera el verdadero motivo por el que Winckley quiso rescatar a Timi en una situación de tan gran peligro, hay que reconocer que asumió un riesgo enorme.
Con las coordenadas del planeta sede —probablemente temporal— de la corte —probablemente itinerante— del emperador Nepok, Winckley montó en el bote salvavidas interestelar y se lanzó hacia la gloria y el heroísmo, rumbo a Bolbudia 5l.
Al llegar al planeta, el bote salvavidas se concretó en la misma plaza en la que antes había estado Timi, en el lugar donde la corte del Imperio Nepok se solazaba con sus juegos y entretenimientos palaciegos.
Winckley no difería demasiado en aspecto de los cortesanos nepokianos. Al fin y al cabo, era un humano hibridado con algunas características reptilianas. Por eso avanzó por la plaza de la Corte Nepok como si fuera otro ciudadano federado del Imperio, siguiendo su infalible instinto de poder hacia la cúpula central de vidrio vivo bioluminiscente.
Así pudo llegar incluso hasta el sitio donde se relajaba el mismísimo emperador.
Qarta-Kla flotaba entre seres vivos cometiformes. En aquella coreografía de cometas tendidos al viento, sus movimientos reescribían la danza entera de las manadas cometiformes. Todo se mezclaba con los hermosos arpegios de una música que brotaba de la propia cúpula bioluminiscente y maravillaba a los privilegiados cortesanos de las cien provincias del Imperio presentes aquel día.
¿Era una Audiencia Imperial?
No.
El emperador estaba tocando un concierto en la Cúpula de los Cometiformes.
Allí mismo, Winckley comenzó a vociferar:
—¡Tengo la mejor propuesta del universo para Su Majestad Qarta-Kla! ¡La mejor propuesta del universo! ¡Escuchadme! ¡Nadie es más magnífico que Su Majestad Qarta-Kla! ¡Jamás habrá un emperador igual que nuestro bendito señor Qarta-Kla, Luz del Lienzo Inabarcable!
Winckley casi lloraba mientras gritaba, visiblemente emocionado de devoción al emperador.
—¡Su Majestad Qarta-Kla será admirado por todas las estrellas y, sobre todo, será admirado por todos los terrestres, como yo le admiro!
Así chillaba sus halagos delirantes, diciendo esas cosas y otras similares, mientras se escuchaba una traca de clics: los traductores de los cortesanos se ponían en marcha.
Aquellos nepokianos, admirados por un ejemplo de vasallaje y pleitesía tan interesante para sus propias carreras políticas, se sintieron agradados por la elocuencia de Winckley. Sus destinos, al fin y al cabo, dependían mucho de agradar al emperador.
Un cortesano de una provincia importante del Imperio Nepok acudió entonces a hablar con él, mientras Qarta-Kla proseguía su fantástico concierto sonobioluminiscente.
—Nos agrada a los oídos escuchar su sabia elocuencia, buen señor terrestre. Pero ¿cuál es su plan?
—Mi plan, insigne caballero, es hacer la mejor propuesta posible al emperador Nepok. Y esta propuesta, que tiene que ver con la Tierra, que tiene que ver con el Supercúmulo de Laniakea, del cual soy originario, consiste en entregar a Su Majestad las mejores tecnologías y ofrecerle, a la mayor brevedad posible, la sumisión de todos los terráqueos que, por amor a su brillante gobierno intergaláctico, queremos servirle cuanto antes.
El importante cortesano nepokiano lo miró con desconfianza, pero decidió llevarlo ante el emperador.
Justo cuando acabó el concierto sonobioluminiscente, el duque Corriga, un nepokiano más alto y elegante de lo normal, presentó a Winckley ante Qarta-Kla como un importante nuevo potencial vasallo del Imperio, procedente del lejano supercúmulo de Laniakea.
Al emperador la visita de Winckley no le agradó mucho. Sin embargo, estando en juego nada menos que un supercúmulo entero como Laniakea, decidió atender a aquel forastero tan parecido a los nepokianos, aunque compañero del anterior laniakeano encarcelado por intruso.
—Señor Winckley —le preguntó—, ¿por qué su compañero no nos informó de vuestro deseo de incorporaros a mi imperio?
Winckley puso mirada triste.
—Lamentablemente, mi amigo Timi no es muy inteligente. Se le dijo que lo hiciera, pero no fue tan inteligente como… En fin, se olvidó de ello, porque es muy egoísta.
El emperador lo lamentó y, mirándolo de arriba abajo, respondió:
—Bien. Por mi parte, admito vuestro gracioso y acertado sometimiento supercumular. Seréis incorporados a nuestro pergamino de estandarización y podréis ser felices desenvolviéndoos en nuestro Imperio.
—Bien, Su Majestad. ¿Y cuándo podemos marchar este pobre tonto imbécil, Timi, a quien usted acertadamente detuvo, y yo?
Pero el emperador puso cara de pensar. Tal vez cayó entonces en la cuenta de que el tonto laniakeano aún debía afrontar la denuncia de intrusión en Ralki Rydakia que pesaba contra él.
—Lo siento —dijo finalmente—, pero su compañero será nuestro prisionero hasta que un embajador nepok logre certificar que lo que usted nos ha dicho es verdad, señor Winckley. Timi deberá permanecer un año en Bolbudia 5l antes de volver a Laniakea.
En ese instante, Winckley desenfundó la pistola láser y disparó directamente a la base de la plataforma luminosa donde se encontraba el emperador. La fuente de energía chisporroteó y se apagó de golpe, haciendo que Qarta-Kla se desplomara desde dos metros de altura.
Sin perder un segundo, Winckley se giró y, con un movimiento preciso, golpeó en la cabeza al duque Corriga con su bastón láser.
Luego apuntó al emperador con la misma arma y lo tomó como rehén.
—Si mi compañero Timi no es liberado inmediatamente, me llevaré a Su Majestad Qarta-Kla a Laniakea, donde los terrestres le ofreceremos nuestro sometimiento intercumular entre grandes fiestas, pues estimamos mucho a Su Majestad. Pero no podemos permitirnos perder a nuestro capitán. ¡Apártense de nuestro camino! ¡Ya!
Los cortesanos presentes temblaron.
Rápidamente empezaron a cuchichear y llamaron a alguien. Al cabo de un rato trajeron a Timi, quien, aunque estaba visiblemente desorientado, comprendió la situación.
Winckley, sin bajar el arma, habló de nuevo:
—Señores nepokianos, ahora nos vamos a replegar. Cooperen. No hagan nada si no quieren que nos llevemos al emperador invitado a Laniakea. Queremos paz, no queremos guerra, pero no podemos admitir que se nos detenga ni que se nos impida cruzar hacia nuestro hogar. Permítannos marchar y todo saldrá muy bien para todos.
Los cortesanos se abrieron en dos, formando un pasillo por el que pasaron los dos héroes, acompañados a la fuerza por el emperador, quien, con aplomo, procuraba calmar a sus nepokianos.
En breve, Timi y Winckley llegaron al bote salvavidas de la SarTrek y entraron en la nave, despidiéndose del emperador.
—Su Majestad Qarta-Kla —dijo Timi—, por nuestra parte no queremos ser acusados de intrusión en ninguna parte del Imperio Nepok. De manera que la próxima vez que tengamos que cruzar el Muro de Hércules, primero les informaremos a ustedes de nuestro paso. Usted está invitado a venir a Laniakea cuando quiera.
Dicho esto, soltaron al emperador.
En cuestión de dos segundos pusieron en marcha el magneto-oscilómetro para dar el perfosalto que los llevó rápidamente de regreso a la SarTrek.
Mientras el bote se desconcretaba ante sus ojos, el emperador Nepok, completamente aturdido por las emociones vividas, ordenó:
—Tenemos que saber quiénes son esos extranjeros agresivos. Tenemos que defendernos de ellos. Jamás hemos sufrido una humillación semejante.
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