Libro Dos · Capítulo 16
Detención en el Imperio Nepok
Capítulo Décimesexto de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.
Mas, poco antes del programado perfosalto de salida de Raquia, dos naves espaciales extrañas se pusieron encima de la SarTrek. Les alumbraban con focos y los operadores de la SarTrek, en este caso Heriberto y Wei Zang, no consiguieron hacerse con el control de los dispositivos. Había que reconocer lo evidente: Estaban intervenidos por una fuerza alienígena.
La nave de pronto fue absorbida y apareció en una explanada claramente arquitectónica en un lugar desconocido, cuyo cielo era azul oscuro. En esa explanada, dos máquinas extrañas creaban hologramas que, con la mayor de las alarmas, podían ver los tripulantes de la SarTrek.
Durante dos días no entendieron nada y se preguntaban en manos de quién estaban o qué es lo que había ocurrido, y qué les deparaba el futuro en semejante situación, desconocida por el Hombre.
Sin embargo, al tercer día en los hologramas empezaron a aparecer un tipo de seres muy especiales con pelo largo, ojos un poco saltones, narices largas, algo parecidos a los humanos, más flacos y altos, que articulaban sonidos aflautados e iban hablando de una forma que parecía inteligible.
Kovalovski, Jazmine y el equipo científico fueron encargados en la Asamblea de la Sala de Vistas de hablar con los alienígenas, pero de pronto en los hológrafos de todos apareció un elegante alienígena haciendo un importante discurso, dirigido a todos y a cada uno de ellos:
‒ Soy el embajador Napotlian Urb, designado por su majestad Qarta-Kla, Emperador Nepok, para gestionar los Estándares Intergalácticos en esta parte de la Federación Intergaláctica del Imperio Nepok. Habiendo ustedes llegado a nuestro supercúmulo sin haberse presentado ante el Emperador, han sido ustedes denunciados por intrusión en el planeta Ralki Rydakia. Ustedes ahora mismo están presos hasta que se aclare cuál es su situación legal en nuestro imperio. Mañana mismo tendrán que hablar con el emperador, así que designen a uno de ustedes para explicar al Emperador quienes son ustedes y el motivo por el que se hallan en nuestro Supercúmulo de Galaxias, el Lienzo Inabarcable.
La noche fue tremenda, pues los nervios eran inmensos. ¿Quién iría a hablar con el Emperador? ¿Qué habría de contarle? ¿Cómo funcionaba la diplomacia intercumular? No siempre se hablaba con un Emperador, pero con el Emperador del Muro de Hércules o, como lo llamaban los nepok, del Lienzo Inabarcable, el Imperio Nepok, espantaba a casi todos. No se atrevían a salir de la nave, pero miraban fascinados la amplitud de la explanada de losas marmóreas pulidas brillantes, extendiéndose hasta donde se perdía la vista, entre las más angustiadas tribulaciones se preguntaban… ¿Quién podía asegurarles que realmente les escucharía el emperador y no les matarían estos alienígenas? ¿qué iba a ocurrir al día siguiente?
Después de deliberar varias veces entre ellos, se llegó a la conclusión de que la persona más adecuada para hacer esa embajada, era Timi, quien hablaría al emperador sobre la necesidad de que les permitiera avanzar hacia la Tierra para volver a sus hogares, y les explicaría cuál era el motivo por el cual ellos estaban pasando por su territorio. Y así ocurrió.
A la mañana siguiente volvió a aparecer el embajador nepok, Napotlian Urb, en sus hológrafos personales, y pidió que les acompañara el humano, híbrido o no, que habían designado como embajador para poder hablar en nombre de todos ante Su Majestad el Emperador Qarta-Kla.
Napotlian aguardaba fuera de la SarTrek, de pie sobre una plataforma flotante en la que había llegado en persona.Timi, nervioso y con muchas ideas en la cabeza, salió de la SarTrek y, después de cruzar unas palabras con el embajador, ambos se dirigieron al Palacio Imperial a bordo de la plataforma voladora nepok.
Avanzaron entre vientos por esos cielos azul oscuros, de extraños colores planos, hasta llegar al Palacio Imperial, donde el embajador se difuminó entre docenas de cortesanos extraordinariamente extraños, abigarrados, variopintos, pintorescos, exóticos, tecnoexóticos podríamos decir, tecnoalienígenas dejando a Timi solo en medio de la muchedumbre de cortesanos intergalácticos del Imperio Nepok. Sin embargo, esto no intimidó a Timi, que volvió hacia ellos y elevando la voz exclamó:
‒ Aquí estoy, soy Timi Guimaraes, embajador de la SarTrek, estoy aquí para hablar con ustedes,¿con quién he de hablar?
El embajador volvió a salir de entre la muchedumbre de cortesanos y le llamó hacia un punto en el que, sobre un haz de luz, flotaba un extraño ser, que tenía una cabeza muy grande y un cuerpo rechoncho, pero que parecía disponer de una extraña agilidad, no sólo por su flotación, sino por el aspecto juvenil y elástico de su vigoroso cuerpo.
El embajador, señalándole con el dedo índice, en un desagradable gesto acusativo dijo ante todos, afeándole ante el Emperador:
‒ Este es el jefe de los intrusos, Su Majestad Qarta-Kla.
‒ ¿Tú quién eres? ‒ Preguntó el Emperador a Timi ‒ ¿por qué habéis venido a mis tierras, a mis supercúmulos? Extraño ser, explícame, ¿qué haces aquí?
Los nervios se agolpaban en el estómago a Timi, tras comprobar que Napotlian le había organizado una auténtica encerrona ante el Emperador que estaba siendo manipulado por él.
Sin embargo, Timi logró articular un discurso de explicación al emperador del porqué de su presencia temporal en esta zona del Muro de Hércules-Corona Borealis, y concretamente en el planeta Requia.
Le explicó cómo habían llegado al Planeta X y por qué no podían volver de un solo perfosalto.
Le explicó que estaban volviendo a la Tierra y que no tenían ninguna intención hostil hacia nadie, sino que lo que querían era únicamente recibir justicia por un pequeño, pero serio, incidente que había habido en la tierra.
Por lo tanto, lo que querían hacer era intentar mantener relaciones cordiales con Su Majestad el Emperador Qarta-Kla cuyo Imperio Nepok admiraban, y que estaban dispuestos a llevar cualquier mensaje suyo a la Tierra. El emperador, sin embargo, no se fió, y mandó detener y encarcelar a Timi.
Así, Timi se encontró de pronto encarcelado en una rara mazmorra redonda en la que había varias luces azules celestes, y que giraba poco a poco todo el día. Nada más entrar en la celda, nunca podía saber con certeza cuánto tiempo llevaba allí encerrado.
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