Libro Dos · Capítulo 24
Llegada al Supercúmulo de Shapley
Capítulo Vigésimo Cuarto de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.
Oh, humanos del futuro, nuevas generaciones que no conoceremos: no penséis que no pensábamos en vosotros. No creáis que vivimos sin preocuparnos por transmitiros una vida y un mundo integrales, habitables y nuevos.
No seáis jueces demasiado duros con aquellos galactonautas que vagaban por insondables vacíos espaciales, hollando planetas temibles, viéndose a sí mismos, en su estragada peripecia, como pobres desgraciados sepultados bajo los fragores de su necesidad.
No.
No los juzguéis tan duramente.
Considerad solo el Complejo de Shapley, por el que cruzaron exhaustos durante un tiempo interminable mediante numerosos perfosaltos.
Ah, Shapley, Shapley, Shapley…
Nos habíamos convertido en gentes que preferían vivir en los sueños.
Los días en Humoria revelaron que la mayoría prefería permanecer en la nave, acogida por los paneles de las burbujas vitales, antes que respirar las bellezas del planeta o deslizarse por las laderas de los montículos de las ciudades humorias.
Los reflejos irisados del firmamento humoriano, coronando la línea de la nave, danzaban sobre los sueños que bullían en los inactivos sarktreanos.
Se esperaba lo contrario.
Se esperaba que corrieran día y noche fuera de la nave, aprovechando la oportunidad de pisar un mundo respirable, un mundo vivo, un mundo que no parecía querer matarlos.
Quizá, pensamos muchos, nos pasaba aquello porque la estancia en Humoria se había convertido, en realidad, en una visita de trabajo.
Iban y venían los miembros del Comité Científico con grupos de humorios. Conversaban, descansaban y volvían a conversar. Intercambiaban noticias y datos, hablaban de sus civilizaciones y se presentaban gentes importantes a conocer a los terráqueos.
Pero a nosotros nos pesaban los muertos y los desaparecidos.
La confianza había quedado pulverizada, y nuestro dinamismo se transformaba en inercia.
Pero Shapley nos esperaba.
Un solo perfosalto largo, y estaríamos ya en el Complejo de Shapley, del que tanto se nos había hablado.
Cubos entre esferas deslizándose por montañas de nubes de galaxias, absorbidos por tentáculos de supernovas. Quizá habitados por civilizaciones que vivían durante millones de años hacia dentro, sumergidas en sus psicoesferas, como nosotros en nuestras burbujas vitales.
Pero a los humorios esto no les constaba. Incluso les parecía una idea rara, típica ocurrencia de los peculiares seres terrestres, aquel grupo abigarrado llegado a su planeta.
Pulsares.
Ondas gravitacionales.
Peligrosísimas lluvias de rayos gamma.
Tal vez, pensábamos aburridamente cuando charlábamos en el comedor de la nave, no llegáramos jamás a Laniakea.
Pero había medio millón de planetas habitables según los registros de las LLMs astronáuticas de Jazmine. De ellos, al menos quinientos eran casi fotocopias de la Tierra.
Y si…
Eso era precisamente lo que nos preocupaba.
Tan parecidos a la Tierra.
¿Tenía la culpa Winckley?
¿Tenía la culpa el capitán?
Ah, como un tiovivo aparecían los recuerdos de la contratación en la taberna de Bermejo. La firma puesta en el papel tendido sobre la mesa.
“Te advertimos que es un viaje muy peligroso”.
E inhumano, deberían haber añadido.
Ah, Shapley, Shapley, Shapley…
Explicadnos qué es Shapley, si alguien lo sabe.
Sí, el Comité Científico lo sabe. Siempre lo sabe todo. Y cuando no lo sabe, olvidamos que no lo sabe.
Qué es Shapley.
Albricias, nos decíamos, celebrando que ya solo nos hallaríamos a novecientos millones de años luz de Laniakea.
Quizá siete perfosaltos.
Quizá diez.
Con sus respectivas estancias en exoplanetas tan acogedores como los que estábamos visitando, o en otros vacíos intergalácticos.
Puede que ocho meses más.
Puede que un año.
Y luego, lejos en la perspectiva pero anclada en la memoria, la posible llegada a la Tierra.
No volver jamás al espacio.
Licenciarnos.
Nuestra misión fracasó.
Ni siquiera logramos traer a Paladia.
Nos convertimos en sombras que querían meterse en sus burbujas para encerrarse en los mods que custodiaba ASE, como hacen esas civilizaciones que se sumergieron en sí mismas, se dice que en cubos perfectos, y que quizá podríamos encontrar en Shapley.
Weindin, ¿qué hemos de hacer para que no nos pongas las tortas secas?
¿Acaso si te pidiéramos que las tortas estuvieran más secas se corregiría este problema?
Ah, Weindin, Weindin, Weindin.
Navegación del Libro
Ir al Capítulo anterior ( El combate en Humoria )
Ir al Capítulo siguiente ( La conjura de Estebaldo )
Aparato multimedia del capítulo
Pronto añadiremos más contenido a la novela multimedia Timi El Viajero En Busca del Planeta X
Audio narrado
Espacio
Imagen o galería
Espacio
Mapas, gráficos o materiales visuales
Espacio
Vídeo futuro
Espacio