Libro Uno · Capítulo 14

Inmensidad de la Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal

Capítulo Decimocuarto de Timi El Viajero en En Busca del Planeta X.

Kovaloswky llamó a Timi al salir de la reunión en la sala de control y le dijo:

—Venga conmigo, Timi. Le pondré al tanto del diseño de la SarTrek, una obra maestra tecnológica a la altura del Vermitrón. Luego usted tendrá que organizar el alojamiento de la tripulación y del pasaje, que para eso es usted el capitán.

Timi sabía que la gente no tardaría en hartarse de esperar en la sala de vistas para ocupar sus camarotes y habitaciones, así que se apresuró a seguir a Kovaloswky, que disponía de todos los anillos de acceso a los espacios y estancias de la nave.

Con uno de ellos abrió una pequeña cabina y, riendo, dijo:

—Privilegios de constructor…

Se refería a que se había autoasignado la cabina preferida por él. El resto de las cabinas, sin embargo, tendrían que ser distribuidas por Timi.

—Mire, Timi —dijo, poniendo unos planos sobre la mesa—. Esta es la distribución interna de la nave. Mi plan era entregar la SarTrek, con su tecnología de magneto-oscilometría, a las autoridades del continente, con todo puesto a punto para hacer viajes tanto dentro del Sistema Solar como por Laniakea, mediante la tecnología de cabotaje de pequeños perfosaltos de agujeros de gusano.

Kovaloswky señaló la primera sección del plano.

—La nave tiene tres pisos, divididos a su vez, básicamente, en tres zonas. Seguí el modelo de habitabilidad de las carabelas de Colón, aunque la SarTrek es algo más grande. Una vez activados los extensómetros, cuenta con dieciséis metros de ancho, diez metros de altura y treinta y dos metros de longitud. En total, unos mil quinientos treinta y seis metros cuadrados de superficie útil, preparados para veinticinco viajeros, entre tripulantes y pasaje.

Timi observaba el plano con atención.

—En el primer piso está el centro operativo de la tripulación, con los servicios técnicos esenciales: el centro de reciclado, las burbujas personales —o cabinas, si lo prefiere— de los tripulantes, los almacenes, los talleres y la rampa de acceso. Hay, además, una escotilla especial de seguridad. Aquí nos instalaremos nosotros.

—Está bien, Kovaloswky, pero antes de hacer la entrega de los anillos de acceso, con sus permisos ya configurados, hemos de ver cada elemento concreto.

Kovaloswky adhirió el plano de la vista holográfica a su realidad extendida e invitó a Timi a seguirlo.

—Este es el segundo piso. Contiene cabinas o burbujas personales para once pasajeros, con baño privado, estación de trabajo y escritorio de acceso a mods del Metaverso. Todo está preparado para realidad extendida y vistas holográficas. Las cabinas tienen unidades de hibernación personal integradas, y una zona de relajación comunal junto a las cocinas y la lavandería. Sígame por aquí.

Lo guio por escaleras y pasillos de la SarTrek.

—¡Se diría que está usted intentando venderme la SarTrek! ¡Ja, ja, ja! —se rió Timi, contento de ser capitán de una nave tan importante, dejando que su buen humor se desbordara por un momento.

—Volvamos al piso de arriba. Como habrá podido notar, está dividido en tres espacios: la sala de control, donde acabamos de estar y donde se encuentra el magneto-oscilómetro, a buen resguardo; la sala de vistas, que es espectacular; y la sala de estudio, donde ahora trabajan Jazmine, Gomes, Bimae y WeiZang en la elaboración de la ruta. ¿Alguna pregunta?

—¿Qué opina de todo esto Winckley? Usted puede designar capitán, y yo, como capitán, puedo establecer ruta y normas de convivencia. Pero la nave, legalmente, es suya.

—Técnicamente estaríamos en modo de prueba. Con lo cual Winckley está aquí como invitado. Ni pincha ni corta.

Aquello sonaba muy bien, y alegró mucho a Timi.

¡Qué bien!, pensó para sí. Poder darle de su propia medicina durante una temporada a Winckley.

Después de que Kovaloswky le hiciera la transmisión de los anillos de acceso, con sus permisos preconfigurados, ambos se dirigieron a la sala de estudio, donde los esperaban Jazmine y su grupo de trabajo para fijar la ruta cosmonáutica.


Nada más entrar en la sala, Jazmine los acogió con un gesto de amparo e invitación. Enseguida expuso la situación.

—Para llegar cuanto antes a la Tierra, primero hay que cruzar la Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal. Estamos hablando de unos trescientos millones de pársecs, aproximadamente mil millones de años luz de distancia, lo que nos obligará a hacer por lo menos siete perfosaltos.

Timi y Kovaloswky escuchaban el informe con preocupación, poniendo la máxima atención en las ilustraciones que Jazmine iba rotando con su emisor holográfico.

—El problema —continuó ella— es que esos siete perfosaltos no están claros. En al menos dos de ellos tendremos que identificar, investigar y seleccionar previamente un exoplaneta adecuado para nuestros organismos. No podemos permanecer más de dos meses en esta combinación de baja gravedad relativa mezclada con la alta gravedad artificial de la nave.

Gomes abundó en la explicación:

—Cada tres saltos hemos de realimentar la carga de energía del magneto-oscilómetro. Eso implica que, durante la maniobra de cruce de la Gran Muralla de Hércules, deberemos estacionarnos al menos dos veces en algún exoplaneta y permanecer en quietud no menos de quince días.

Luego señaló un área del holograma.

—Podemos recortar el trayecto en al menos dos perfosaltos adentrándonos por el cúmulo Abell 2065, inmenso, situado en una región muy densa. Por su alta concentración de galaxias elípticas gigantes, dispone de muchas opciones exoplanetarias.

Jazmine trazó una línea luminosa sobre la proyección.

—Nos interesa ceñirnos lo más posible a las zonas de alta concentración de materia bariónica de la Red Cósmica, entre filamentos nebulosos y voids. Eso da una ruta bastante limpia. A partir de nuestra salida de la Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal, avanzaríamos hacia la Gran Muralla de Boötes, saltando el supervacío de Boötes. Después iríamos hacia la Gran Muralla de Sloan y luego, en unos pocos perfosaltos, pasaríamos por el supercúmulo de Horologium-Reticulum y la Concentración de Shapley hasta llegar a Laniakea. Después, en solo dos saltos, estaríamos en casa.

Todo parecía bastante fácil.

Pero no lo era.

El problema con el tejido cuántico era que se cerraba de inmediato, de modo que no podían volver atrás. Convenía hacer bien los cálculos y trazar con precisión las orientaciones de los perfosaltos. De lo contrario, deberían rehacer la ruta, realizar nuevas observaciones e invertir tiempo adicional en la recarga del magneto-oscilómetro.

—Hay riesgos —sentenció WeiZang—, pero, en general, esos riesgos serán menores si se hacen bien las cosas.

—¿No habría desfases espaciotemporales en el viaje? —preguntó Timi a los miembros del consejo científico.

Kovaloswky respondió de inmediato:

—No. Hay correctores de relatividad que simultanean la cronística. Es decir, normalizan el tiempo de reloj. No tema. Esto significa que el tiempo transcurre igual para el viajero que para el no viajero terrestre. Lo tuve muy en cuenta durante el diseño, porque las regulaciones no permiten viajes intergalácticos de personas si quiebran la simultaneidad humana.

Timi pensó que, de todos modos, en un año podían ocurrir situaciones muy graves. Empezando por lo que sucedería en la Isla Brouk cuando se dieran cuenta de que faltaban tantas personas durante tanto tiempo.

En esos momentos, allí solo quedaba Bartol, el principal secuaz de Winckley en la isla, con algunos de sus subordinados probablemente mintiendo en el continente sobre la situación real de la Isla Brouk.

Por su parte, en la Capital Libre, el tabernero Bermejo, amigo de Heriberto, ya sabía que habían partido de viaje por un periodo aproximado de un año, pero no sabía nada más. Y solo un amigo de Timi estaba informado de su ausencia: Joao, que había aceptado el encargo de cuidar los animales y la huerta de la cabaña en el Monte Wilson hasta su regreso.

Aquello no lo preocupaba mucho ahora, pero volvía a pensarlo una y otra vez. Pensaba en cómo estaría la Isla Brouk. En qué pensaría Joao mientras sacaba a la cabra. En qué podrían imaginar los demás sobre aquella salida en estampida y la desaparición de Paladia, Winckley y Heriberto.

La Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal era ciertamente grande.

Descomunal incluso para la idea del universo como una playa de galaxias de centenares de miles de millones de estrellas.

Su materia bariónica se distribuía en filamentos gigantescos, con centros densos de galaxias donde estas se contaban por millones, decenas de millones y quizá centenares de millones. Por si no bastara aquella vastedad, había también vacíos enormes, desiertos de materia que asemejaban el fin del universo: supervoids sostenidos por una condensación estructurante de materia oscura que estabilizaba los núcleos densos y los filamentos interconectados de materia.

Todo ello componía una Red Cósmica de miles de millones de galaxias enlazadas.

Cuando Timi intentó estimarlo, se dio cuenta de que, en realidad, estaban haciendo un viaje inconcebible. Hasta entonces habían saltado de un solo perfosalto, pero ahora deberían cruzar, quizá en dieciocho perfosaltos, algunas de las estructuras cósmicas más extensas conocidas por el ser humano.

Tendrían que encontrarse en coordenadas cósmicas inverosímiles, jamás pensadas.

¿Qué habría ahí dentro, en esas grandes murallas y supercúmulos?

Esa pregunta quedó en su mente como una sensación de intriga, mientras Jazmine trazaba líneas en el holograma y disponía sus redes neuronales para armar la trayectoria del siguiente salto.

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